"RELATOS SOBRE ORCAS"

La historia de Bernardo y Mel


Para fines de 1974, mientras era entrenado para ser guardafauna de la única elefantería marina continental del mundo, en Península Valdés, Provincia del Chubut, en nuestra extensa y siempre misteriosa Patagonia, no podía dejar de sorprenderme y maravillarme ante la presencia  esporádica de los grupos de orcas, que patrullaban cerca de la costas en busca de algún desprevenido lobo marino o elefante marino, que componen parte de su variada dieta.
Mi interés por ellos fue aumentando en cada observación, hasta que por fin un 8 de enero de 1975 decidí dedicar mi tiempo, mi vida , a intentar interpretar sus conductas.
Después de  varios meses de observar las características físicas y pautas de conducta de dos ejemplares que generalmente se desplazaban juntos o acompañando a un grupo de siete orcas, daba forma a mis primeras fichas de identificación individual. La parte posterior de la aleta dorsal es un buen parámetro para el reconocimiento de cada ejemplar, ya que generalmente presentan muescas o desviaciones que perduran durante toda la vida del ejemplar.
Por su parte, la montura o mancha clara que tiene sobre el lomo, detrás de la aleta dorsal, es comparable a nuestra huella dactilar. Fue entonces cuando decidí que era hora de bautizarlas con nombre propio, para que de ahí en más sean fácilmente reconocidas por los guardafaunas y otros investigadores de orcas en el futuro
El 4 de mayo de 1975 pasaron a llamarse BERNARDO Y MELANY; estos nombres correspondían al investigador norteamericano de delfines Bernardo WÜRSIG y su esposa Melany, quienes estaban brindándonos todo su apoyo en el inicio de mis observaciones, mientras se dedicaban a estudiar delfines oscuros (dusky dolphin) en el Golfo San José. WÜRSIG pasaría a ser mi asesor científico a partir de 1978.

Cuando Melany se transformó en Mel

Tal como le ha sucedido a otros investigadores, con el correr del tiempo y mientras Melany crecía cada vez más, su contextura física y forma de aleta dorsal me llevó a la conclusión de que en realidad se trataba de un macho y no de una hembra como inicialmente había pensado.  Imaginen ustedes que era en ese entonces el único observador de la conducta de las orcas en la Argentina, y por ello debía experimentar tanto con los métodos de registro de datos, como los de reconocimiento individual y sexo.
El 1 de abril de 1981, para salvar su honor y el mío, acorté su nombre transformándolo definitivamente en MEL. Ambos ejemplares de orcas son los primeros que recibieron nombres en la Argentina.
En 1990-91 integraron junto a Des, Ese, Muesca y otros, el primer catálogo de identificación de nuestras orcas llamado BUSCADO que se distribuyó a lo largo de la costa del país, se los imprimió en remeras y difundió en distintos medios gráficos.
De acuerdo a mis investigaciones ellos se desplazan por las aguas costeras de Península Valdés por lo menos desde 1967-68. Pero recién a partir de 1988, por un estudio de ADN llevado a cabo por el investigador Rus HOELZEL, conocimos que Bernardo y Mel son hermanos.
Durante 1976, por la desacertada decisión de un funcionario de la Provincia de Río Negro, Argentina, estos dos magníficos ejemplares fueron ametrallados frente a la  lobería de Punta Bermeja. Como consecuencia ambos machos recibieron varios impactos de bala de guerra, uno de los cuales produjo una importante lesión en la aleta dorsal de Mel, la que desde entonces se observa inclinada hacia su derecha.
Bernardo y Mel fueron tratados en esa parte de la Patagonia como bandidos perseguidos por las autoridades que en realidad debían protegerlos para asegurar el equilibrio ecológico de la lobería que se pretendió cuidar.
Desde entonces por las fuertes críticas recibidas y un cambio de mentalidad en el manejo de las áreas naturales, las orcas están protegidas en Río Negro.
Lamentablemente desde el año 1993, y por motivos aún desconocidos Bernardo se encuentra desaparecido. Algunos de los que lo observamos durante muchos años patrullando sus 400.000 Km2 de territorio, aún guardamos la esperanza de que esté vivo y seguimos esperando volver a ver su gran aleta dorsal aserrada cortando la superficie del agua.
Con Bernardo y Mel comencé a escribir la historia natural de las orcas de la Argentina mientras me deslumbraban con sus magníficas técnicas de caza,  las que los transformaron en las principales estrellas de numerosos documentales.
La historia natural de los seres vivos nunca se debiera mostrar a través del rapto y el cautiverio, acerquémonos a una playa o a un acantilado y admiremos su  tremenda capacidad de acción en concordancia con su medio natural en el cual son la máxima expresión.

 

EL COMIENZO DE UN NEGOCIO CON DOLOR Y MUERTE


Capítulo 1°

El intento de captura de una hembra adulta por el Marineland del Pacífico en el norte de Washington en septiembre de 1962, resultó en que el animal se enredara en la línea alrededor del bote y lo atacara, sus cazadores temiendo que el bote fuera dañado la mataron a tiros.

Capítulo 2°

Hasta 1964, solamente una captura de orca estaba registrada en la literatura (Cadwell y Brown, 1964). Se trató de una orca posiblemente enferma capturada por una red al sur de California, la cual vivió solo 18 horas.

Capítulo 3°

La Historia de Moby Doll

Saturna Island, British Columbia, Canadá, 20 mayo de 1964, se instala sobre un acantilado un arpón con la intención de matar una orca, la que sería utilizada como modelo para la preparación de una réplica para el nuevo hall del Acuario Público de Vancouver. La decoración hacia imprescindible la calidad de la escultura, alguien pensó que mejor entonces que obtener una orca que sirva de modelo al artista.

Durante los 57 días de espera, 8 grupos, con 60 orcas en total, fueron observados durante los días 22, 24, 26 y 28 de mayo; 25 de junio y el 2 y 16 de julio.

El 16 de julio, el arponero Samuel Burich presionaba el disparador y el arpón de 117 cm de largo, 5 cm de diámetro, con un peso de 6,800 kilos penetraba por el lado izquierdo atravesando completamente el cuerpo de una joven orca de 467 cm de largo y 1.040 kgs . Posteriormente se sabría que el arpón había producido, entre otros daños, una fractura de 5 cm de diámetro en el hueso occipital (parte posterior del craneo).

La orca pareció estar aturdida por el disparo, mientras otras 2 la asistieron en la superficie los primeros 2 o 3 minutos. El animal lentamente se recuperó y comenzó a nadar y respirar normalmente, dirigiéndose hacia las orcas restantes del grupo, unas 12, que se mantenían en la superficie a cierta distancia.

El arponero Samuel Burich momentos antes del disparo, julio 16, 1964, Saturna Island, British Columbia. Foto autoria J.Bauer . Publicación: "The Capture and Care of a Killer Whale, Orcinus orca in British Columbia." Autor: Murray A Newman y Patrick L. McGeer. Public. Zoológica, 51:2,59-69, 1966 .

Un bote de pesca de 12 metros, que había estado esperando cerca, recobró los flotadores al final de la línea de 203 metros de largo que se unía al arpón. La orca herida luchó vigorosamente por unos pocos momentos. Pronto cesó su lucha buscando evitar el bote, sin poder evitar ser remolcada por la línea sujeta al arpón hasta la playa donde fue atada a un ancla mientras se evaluaban sus heridas.

Los espectadores pronto descendieron y se acercaron con botes asustando a la orca que, a este punto, se mostraba extremadamente estresada y daba gritos muy intensos y agudos que podían ser escuchados sobre la superficie del agua a 100 metros de distancia.

El animal fue rápidamente remolcado a las aguas de un canal y después se decidió remolcarlo a un muelle seco en el norte de Vancouver a 80 Kms. de distancia, donde se podrían hacer observaciones más detalladas. El viaje tomó 16 horas.

La orca fue mantenida en el muelle por una línea suspendida de una grúa movediza. Al entrar allí el animal comenzó a nadar en círculos en sentido contrario a las agujas del reloj y fueron iniciados planes para mantenerla en cautiverio.

La cuerda del arpón fue removida solo al día siguiente y como una medida profiláctica contra la infección de las heridas le dieron 30 millones de unidades de penicilina.

Se la mantuvo dentro de una jaula de 14 x 23 metros, con una profundidad de 3 a 6 metros según la marea, junto a un muelle abandonado en la base naval canadiense de Jericó. La orca rechazaba la comida y se mantenía lejos de la gente en el muelle, no demostrando agresividad.

Se realizó un concurso radial para ponerle nombre a la víctima, a la que finalmente se le llamó "Moby Doll" desconociendo que se trataba de un macho y no de una hembra.

El esquema de incentivar a los niños a ponerle nombre a la nueva víctima del cautiverio, es una estrategia muy utilizada por zoológicos o acuarios y nos preguntamos sino será una sutil manera de incorporar cómplices y repartir culpas, cada vez que un nuevo animal pierde su libertad.

A partir del 9 de septiembre (54 días después de su captura) Moby Doll comenzó a tomar los peces que se le ofrecían suspendidos de una línea y luego comenzó a tomarlos directamente de la mano de sus captores, lo que sorprendió a todos.

En la última semana de agosto y a pesar de las reiteradas inyecciones de antibióticos, comenzaron a aparecer lesiones en su piel causadas por un hongo, que se extendió progresivamente por todo su cuerpo.

El final de una historia... o el comienzo de un gran negocio.

El 9 de octubre, 86 días después de su violenta captura, luego de tomar tres pescados se negó a obtener más. Después de nadar indiferentemente por unos pocos minutos, dio un soplido abortivo mientras se sumergía fuera de la vista para morir.

Esta primera experiencia con una orca cautiva durante 86 días, su relación no agresiva con los humanos y el tomar suavemente con su boca el alimento que le ofrecían con la mano, generó un cambio de opinión en quienes observaron la fílmación que el periodismo mostró al mundo.

Lamentablemente esta experiencia indicó a sus captores la posibilidad de mantener y entrenar orcas en cautiverio.

Moby Doll pasó a ser la primera orca que se mantuvo en cautiverio demostrando, a pesar de haber sido arponeada, remolcada, raptada de su grupo familiar y sometida a dolores físicos, que podía ser gentil con el humano, quien había perdido la gentileza con la naturaleza al intentar matar un ser vivo con el solo propósito de obtener un modelo para una escultura.

De ahí en más conocemos los resultados económicos que durante mas de 30 años significaron las orcas y otros delfines para los acuarios y oceanarios del mundo y los dramáticos resultados para los grupos de orcas y otros delfines salvajes a los cuales se somete al rapto de individuos.

 

 

INVESTIGACION EN
CAMARONES

Caleta Pedro, Camarones
Foto: Juan Carlos López

 

Camarones... donde la naturaleza debió quedarse a vivir.

Camarones nos tuvo nuevamente como huéspedes durante las dos primeras semanas de abril y como siempre, fuimos espléndidamente atendidos por su Intendente quien nos facilitó la estadía y asesoró en todo aquello que le fuimos requiriendo.

La casa donde nos alojamos
Foto: Juan Carlos López

Durante esta  campaña nos dedicamos a conversar recabando información sobre orcas con pobladores locales, personal de la Prefectura y buzos algueros, recibiendo de cada uno valiosas informaciones que nos van a permitir preparar nuestras próximas campañas y aclarar algunas dudas que teníamos sobre la identidad de una de las orcas observada periódicamente en esa zona.

Al mismo tiempo dimos una charla informativa a alumnos de 3° y 4° año de la escuela secundaria de Camarones, coordinada con su Director el profesor Figliolo, sobre las actividades de la Fundación y las investigaciones que estamos realizando con la intención no solo de enterarlos sobre nuestro trabajo sino motivarlos a integrarse como observadores de orcas.
Mantuvimos una reunión de trabajo con el personal de la Prefectura local a quienes asesoramos sobre la metodología a seguir ante un rescate de cetáceos varados, con los cuidados y riesgos que ello implica tanto para los animales afectados como para el personal del grupo de rescate, dejándoles material informativo.
Las dos emisoras de FM -Paraíso y Atlántica- dieron amplia difusión a nuestro trabajo y presencia en el lugar facilitando con ello nuestro acercamiento a los pobladores de un lugar del cual ya nos sentimos parte.
Las áreas fueron recorridas minuciosamente desde Bahía Camarones hasta Bahía Bustamante y sus alrededores, donde además de un paisaje de ensueño, compartimos vivencias con su gente y nos deleitamos con los acrobáticos saltos de los delfines que recorren la zona.
Esta vez no pudimos observar orcas lo cual, lejos de afectarnos, nos motiva a regresar. Mientras tanto dejamos nuestras amistades y colaboradores que seguirán buscando orcas, registrando sus actividades y de ser posible fotografiándolas.
Nuestro próximo objetivo será la zona costera de la provincia de Río Negro, ampliando el rango de acción para conocer que hacen nuestras orcas fuera de Península Valdés y cuantos nuevos ejemplares pueden maravillarnos con su presencia.

El muelle de Camarones, Patricia trabajando en Península Valdés y el balneario de Camarones
Fotos: Juan Carlos López

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